lunes, 12 de abril de 2010

Leído: Testo Yonqui de Beatriz Preciado


He leído el último libro de Beatriz Preciado, y me parece muy esclarecedor en unos cuantos temas todavía hoy día muy espinosos. Haré más comentarios cuando haga una segunda lectura.

Este libro no es una autoficción. Se trata de un protocolo de intoxicación voluntaria a base de testosterona sintética que concierne el cuerpo y los afectos de B.P. Es un ensayo corporal. Una ficción, es cierto. En todo caso y si fuera necesario llevar las cosas al extremo, una ficción autopolítica o una autoteoría. Durante el tiempo que dura este ensayo suceden dos mutaciones externas en el contexto próximo del cuerpo experimental, cuyo impacto no había sido calculado, ni hubiera podido computarse como parte de este estudio, pero que constituyen los dos límites en torno a los que se adhiere la escritura: primero, la muerte de G.D., condensado humano de una época que se desvanece, ídolo y último representante francés de una forma de insurrección sexual a través de la escritura; y, casi simultáneamente, el tropismo del cuerpo de B.P. hacia el cuerpo de V.D., ocasión irrenunciable de perfección y de ruina.

Se registran aquí tanto las micromutaciones fisiológicas y políticas provocadas por la testosterona en el cuerpo de B.P., como las modificaciones teóricas y físicas suscitadas en ese cuerpo por la pérdida, el deseo, la exaltación, el fracaso o la renuncia. No me interesan aquí mis sentimientos, en tanto que míos, perteneciéndome a mi y a nadie más que a mi.

No me interesa lo que de individual hay en ellos. Sino cómo son atravesados por lo que no es mío. Por aquello que emana de la historia del planeta, de la evolución de las especies vivas, de los flujos económicos, de los residuo de las innovaciones tecnológicas, de la preparación de las guerras, del tráfico de esclavos y de mercancías, de las instituciones penitenciarias y de represión, de las redes de comunicación y vigilancia, de la producción de jerarquías, del encadenamiento aleatorio de técnicas y de grupos de opinión, de la transformación bioquímica de la sensibilidad, de la producción y la distribución de imágenes pornográficas. Para algunos, este texto podrá hacer oficio de un manual de bioterrorismo de género a escala molecular. Para otros, será simplemente un punto en una cartografía de la extinción.

No hay conclusión definitiva a cerca de la verdad de mi sexo, ni profecía sobre el mundo a venir. Expongo al lector estas páginas que relatan los cruces de teorías, moléculas y afectos para dejar una huella de una experiencia política cuya duración exacta fue de 236 días y noches y que continúa hoy bajo otras formas. Si el lector encuentra dispuestos aquí, sin solución de continuidad, reflexiones filosóficas, narraciones de sesiones de administración de hormonas y relatos detallados de prácticas sexuales es simplemente porque éste es el modo en el que se construye y se deconstruye la subjetividad.

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