domingo, 5 de diciembre de 2010

Leído: Lo que me queda por vivir de Elvira Lindo


Soy una ferviente seguidora de Elvira Lindo, adoro sus manolitos, me encanta sus tintos de verano, me gustan sus artículos dominicales en el País, pero no acabo de disfrutar con sus novelas, la anterior Una palabra tuya no me convenció y esta me ha entristecido tanto, que he estado un par de veces a punto de dejarla, pero le he dado una oportunidad y me lo he leido todo, y aún así he acabado con mal sabor de boca. La historia de una mujer joven (como yo), huerfana de madre (como yo) y además de una enfermedad parecida, con un hijo de una edad similar a mi speedy me ha llegado al alma y me ha entristecido mucho. Quizás la releere en unos años y me entusiasme un poco más. Eso sí, continuaré leyendo a lindurri. Quizás relea, tengo una sonrisa en la cara, los tintos de verano, que me encantan y me alegran el día.

Antonia tiene veintiséis años cuando se ve sola con un niño de cuatro en el cambiante Madrid de los ochenta. La suya es la historia de un viaje interior, el de una mujer que se enfrenta a la juventud y a la maternidad mientras intenta hacerse un lugar en la vida, en una ciudad y en una época de tiempo acelerado, más propicio a la confusión que a la certeza, sobre todo para alguien que ha tenido una experiencia demasiado temprana de la pérdida y de la soledad.
Lo que me queda por vivir es la crónica de un aprendizaje: cómo se logra a duras penas sobreponerse a la deslealtad; cómo el desvalimiento y la ternura de un hijo alivian la fragilidad de quien ha de hacerse fuerte para protegerlo. Lo que me queda por vivir tiene la fuerza de las novelas que retratan un tiempo al contar unas vidas singulares, hechas por igual de desamparo e inocencia. La escritura de Elvira Lindo alcanza aquí una belleza sobrecogedora, yendo derecha al nervio de las cosas, al corazón de esas verdades sobre la experiencia que sólo puede contar la ficción.

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