miércoles, 29 de febrero de 2012

Leído: La acabadora de Michella Murgia



Una novela diferente, que habla de realidades que van desapareciendo. Yo recuerdo que en el pueblo de mi madre, en la Mancha del Quijote, había una chica que era "hija del alma" de un matrimonio que no había tenido hijos, y esa chica era hija biológica de una hermana de la madre, que le había cedido la hija cuando era pequeña, y para mi era lo más normal del mundo, que Isabel viviese con sus tios y no con sus padres biológicos (tenían como 8 o 9 hijos más), y que así Isabel vivía mejor y los padres más acompañados. En cuanto a la figura de la acabadora no la he conocido, quizás o por qué no ha existido o por qué yo era demasiado pequeña como conocerla. Muy recomendable para conocer historias que van desapareciendo.

Siguiendo una costumbre sarda cuyos orígenes se pierden en el tiempo, una anciana y una niña se unen a través del sagrado vínculo de la «adopción del alma». Estamos en Soreni, un pequeño pueblo de Cerdeña, en los años cincuenta. Bonaria Urrai, la modista del lugar, mujer de antigua belleza y perenne soledad, ha adoptado a Maria, cuarta hija de una familia humilde que la descuida. Así pues, la vida de la niña, ahora fill’e anima —«hija de alma»— de la tía Bonaria, se transforma por completo, y a su fina percepción no escapa el aura de misterio que envuelve a su nueva madre: los largos silencios, las extrañas salidas nocturnas y la sombra de temor que enciende los ojos de quienes se cruzan en su camino. Y aunque Maria crece feliz y amada junto a Bonaria, en realidad ignora una verdad que todos conocen: además de coser vestidos, su madre de alma es la mujer que reconforta a quienes se acercan al final del camino.
Galardonada con el Premio Campiello, el de mayor prestigio de Italia, La acabadora aborda el eterno tema del fin de nuestra existencia desde una perspectiva única: la de una comunidad que, desde tiempos ancestrales, ha sabido enfrentar ese último paso de forma colectiva y desprovista de tabúes y falsos pudores, recreando un universo atávico que, de alguna manera, se mantiene presente hasta nuestros días.

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