jueves, 20 de febrero de 2014

Leído: El verano sin hombres de Siri Hustvedt


Tenía pendiente desde hace tiempo leer alguna cosa de Siri Hustvedt, la mujer de Paul Auster, y siempre por un motivo u otro no empezaba. Y el domingo en la visita dominical con calma a la biblioteca, encontré un par de libros suyo y me decidí por el más moderno este “El verano sin hombre”, y menuda sorpresa por qué me ha gustado muchísimo. He disfrutado mucho con su lectura, y con sus reflexiones y comentarios. La historia del libro, una mujer que es abandonada por su marido por otra mujer más joven, es muy trivial, pero aquí funciona como leif-motiv para hablar de las relaciones entre hombres y mujeres con las amistades mayores que reencuentra en su pueblo natal, y la historia paralela de las adolescentes que practican bullying también está bien traída para explicar su propia adolescencia. Unas historias que me han gustado mucho y que hará que lea más de esta escritora.


La librera recomienda El verano sin hombres “Con un superficial feminismo narra el abandono de una mujer madura por parte de su marido, con una buena dosis de ironía”. (Isabel García Sancedo, Librería de Ponferrada ) Cuando Boris Izcovich dijo la palabra «pausa», Mia Fredricksen, de 55 años, que llevaba casada treinta con Boris, enloqueció. Porque lo que deseaba su marido era una pausa en su matrimonio, después de treinta años sin adulterios de ninguna de las partes –aunque parezca increíble–, una hija encantadora que iniciaba su carrera de actriz y una relación entre ellos que había ido evolucionando desde el ardor guerrero de los primeros tiempos a la simbiosis casi telepática de los últimos. Hay que decir que la «pausa» de Boris es francesa, compañera de trabajo en el laboratorio –ambos son neurocientíficos–, joven y con buenas tetas. Pero la locura de Mia no fue más que una breve psicosis reactiva y a la semana y media la dejaron marchar de la clínica donde había sido internada. Estos son los prolegómenos del verano en que Mia regresa a Bonden, la ciudad de su infancia, donde aún vive su madre en una residencia para ancianas activas e independientes. Será un verano rabioso en lo personal y reflexivo en lo intelectual, porque Mia es poeta, con varios libros publicados. Alquila una casa, se relaciona con sus vecinos, una joven recién casada con dos niños y un marido que despierta en Mia sospechas de maltrato; y visita cada día a su madre, de más de ochenta años, y a su grupo de amigas, «los Cisnes», que son cinco –la mayor ya ha pasado los cien años y morirá en el curso del verano– y se mantienen activas, vivas e imbatibles. Recupera los recuerdos de su infancia y descubre algunos secretos de la femineidad de otras generaciones, como los tapices que borda en secreto una de los Cisnes, que esconden en bolsillos y pliegues ocultos escenas eróticas, blasfemas o acres burlas al mundo. Mia también dirige un taller de poesía con un grupo de estudiantes en el instituto de Bonden. Con la producción literaria de las adolescentes, la eclosión de su femineidad y sus crueles conspiraciones, las historias y las vidas de los viejos Cisnes y los incidentes del joven matrimonio, más su propia vida, Mia urde esta veloz y brillante comedia feminista de inesperado final... «Una irónica y brillante meditación sobre la identidad femenina, escrita en una prosa lírica, seductora» (Lucy Scholes, The Sunday Times).

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