martes, 25 de noviembre de 2014

Leído: El tercer testamento de Christopher Galt


En mi última visita a la libreria Taifa del barcelonés barrio de Gracia lo vi y lo conseguí. Se trata de una novela de ciencia ficción pero con cariz social, donde se va dando la paradoja que la historia se repite incansablemente una y otra vez, manifestandose como alucinaciones que afectan a todo el mundo, y claro se buscan a los expertos, que obviamente serán los protagonista,  que pueden dilucidar que está pasando, y aquí arranca toda la intriga de la novela.

Es una obra muy entretenida que mantiene el misterio hasta el último capítulo, donde el desenlace aclara todo y todo.



Frases de la novela
Él no se veía precisamente como el embajador perfecto; sabía que podía ser sociable e ingenioso pero, desde que tenía uso de razón, era consciente de su indiferencia hacia los demás e su autosuficiencia emocional e intelectual. Como psiquiatra había estudiado y comprendido el «problema de las otras mentes», pero que lo hubiera entendido no significaba que lo hubiese resuelto en su caso
Pete Corbin era de esas personas a las que llamaba cuando pasaba por la ciudad para tomarse una copa o cenar. Charlaban de medicina, de políticas hospitalarias y conocidos comunes y se daban un caluroso apretón de manos al final de la noche; en el fondo, sin embargo, no se conocían. Era apariencia de amistad: solo otro de los hilos con los que se teje la red social y a los que uno se aferra.
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En un mundo en que la ciencia se ha constituido como garante del conocimiento y la razón no deja lugar a explicaciones que parecerían esotéricas, estos acontecimientos inexplicables no tienen cabida. Y sin embargo, sí que están sucediendo. Lo que parece una epidemia de alucinaciones se extiende por todo el globo y no respet a fronteras, razas, edad, sexo o condición de cordura. Ni siquiera existe un común denominador que permita tirar del hilo para descubrir cuál es la enfermedad que las causa, si la hubiera. ¿Será posible que la historia haya encontrado la manera de repetirse incesablemente? ¿Tendrá todo esto que ver con el proyecto de neurociencia en el que participa John Macbeth y que busca crear una inteligencia artificial autónoma? De Estados Unidos a Dinamarca, de China a Alemania, el mundo se ha vuelto loco y Macbeth parece el único capaz de llegar a averiguar qué está sucediendo.

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