Los Hermosos años del castigo relata, desde la memoria gélida de una mujer adulta, su enclaustramiento en el Bausler Institut, un internado suizo de rígida disciplina donde la infancia se consume entre rutinas prusianas y un silencio cargado de deseo inconfesado. La narradora, hija de padres distantes y excéntricos, una madre teutónica y un padre nómada, encuentra en ese microcosmos femenino un refugio ambiguo, próximo al manicomio de Robert Walser, donde la perfección aparente oculta melancolía, anorexia y pulsiones homoeróticas.
La llegada de Frédérique, una nueva alumna de quince años con "cabellos rígidos como los de una santa" y una frialdad magnética, trastorna ese orden: la narradora se enamora en silencio de su disciplina ascética y su belleza inalcanzable, tejiendo una amistad que roza el delirio sin consumarse nunca. Jaeggy, con una prosa telegráfica y afilada, convierte el internado en un espacio de transgresión sutil, donde la educación elitista fabrica "señoritas perfectas" marcadas por la soledad y la locura latente.
Lejos de una novela de iniciación convencional, el libro es un lamento por lo irrecuperable: esos "hermosos años del castigo" donde el primer amor se desvanece en cartas no enviadas y en la deriva hacia la infelicidad adulta, dejando al lector atrapado en su atmósfera de cautiverio sensual y demencia contenida.
---En el Bausler Institut, un internado femenino situado en el cantón más retrógrado de Suiza, el Appenzell, se respira una densa atmósfera de cautiverio, sensualidad inconfesada y demencia. En estos parajes por los que paseaba el escritor Robert Walser, y donde se suicidó tras permanecer treinta años en un manicomio, se desarrollan la infancia y la adolescencia de la narradora, quien las rememora desde la madurez.

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