Querido Jaime:
Ayer hizo cuatro años que te fuiste y todavía nos cuesta creer que no estés aquí. El tiempo ha pasado, pero tu ausencia sigue siendo difícil de aceptar.
La muerte de Javi el pasado diciembre reavivó de alguna manera el duelo por ti. Durante aquellos días no podíamos dejar de pensar que, allí donde estéis, ahora estaréis juntos. En el oficio, A., el marido de M., lo dijo con una convicción tan sincera que no pudimos evitar emocionarnos y se nos saltaron las lágrimas.
Ahora tendríamos la misma edad, y estoy segura de que habrías vivido con una ilusión enorme la visita del Papa a Barcelona. No pude evitar pensar en ti estos días, imaginando todo lo que habríamos comentado.
Hablo a menudo con tu madre y siempre acabamos recordándote. También con S.; tu nombre sigue apareciendo en nuestras conversaciones, porque sigues formando parte de nuestras vidas y de nuestros recuerdos.
Te echamos de menos. Hay personas que nunca dejan de estar presentes, aunque ya no podamos verlas, y tú eres una de ellas.
Con todo nuestro cariño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario