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lunes, 4 de septiembre de 2023

Leído: Aniquilación de Michel Houellebecq

Aniquilación - Michel Houellebecq ; traducción de Jaime Zulaika. Barcelona : Editorial Anagrama, junio 2022. 604 p.

Lo digo y no con la boca chica, me gustan las historias de Houellebecq, a pesar de su machismo, de su clasismo y de su otra manera de ver el mundo, que no coincide con la mía.
En esta novela, otra más, está ambientada en un futuro muy muy cercano, donde se explica la vida del protagonista Bruno, un funcionario de confianza del ministro de Economía y Finanzas y ve como su mundo se desmorona lentamente al caer enfermo su padre, pero que le sirve para reflotar su matrimonio.
Como siempre, Houellebecq trata temas incomodos y eso le hace ser l'enfant terrible de las letras francesas.
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Año 2027. Francia se prepara para unas elecciones presidenciales. El hombre fuerte detrás de esa candidatura es el actual ministro de Economía y Finanzas, Bruno Juge, para quien trabaja como asesor Paul Raison, el protagonista de la novela, un hombre taciturno y descreído. De pronto, en internet empiezan a aparecer extraños vídeos amenazantes -en uno de los cuales se guillotina al ministro Juge- con unos enigmáticos símbolos geométricos. Y la violencia pasa del mundo virtual al real: la explosión de un carguero en A Coruña, un atentado contra un banco de semen en Dinamarca y el sangriento ataque a una embarcación de migrantes en las costas de las islas Pitiusas.


sábado, 28 de agosto de 2021

Leído: El mundo como supermercado de Michel Houellebecq




El Mundo como supermercado -Michel Houellebecq. Barcelona: Anagrama, 2000. 139 p.

Michel Houellebecq es el niño terrible de las letras francesas, por sus textos transgresores, y por eso quizás me he leído prácticamente toda su obra de ficción, y el otro día descubrí que tenia obra de no ficción gracias a mi escrutinio de los estantes de literatura francesa de la biblioteca.
Se trata de una recopilación de artículos periodísticos sobre diferentes temas donde Houellebecq imprime su sello personal.
Muy interesante para repasar los temas que preocupan a Houellebecq.
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El autor de las más vitriólicas novelas sobre la sociedad contemporánea pasea su feroz mirada sobre algunos fenómenos culturales y sociales del siglo XX: ataca el «repugnante realismo poético» de Prévert; realiza un apasionado elogio del cine mudo; considera la poesía no sólo como otro lenguaje, sino como «otra mirada»; afirma que en el sexo no se busca placer, sino la gratificación narcisista; nos habla de la muerte de Dios como preludio de un increíble folletín metafísico; del arte contemporáneo; de una visita al salón del vídeo hot y de la clonación. Un libro transgresor sobre el mundo como supermercado y como burla.

martes, 15 de enero de 2019

Leído: Serotonina de Michel Houellebecq

Serotonina - Michel Houellebecq. Barcelona: Anagrama, 2019. 288 p.

Las obras de Michel Houellebecq siempre crean polémicas por algún motivo, en este caso por qué los críticos pudieron leer la obra con mucha antelación y eso ha creado malestar (¿no sé por qué?).La historia me ha recordado mucho a la obra de Nick Hornby Alta Fidelidad, pero con el toque Houellebecq, un Houellebecq deprimido, que después de una enesima ruptura amorosa con una chica japonesa un pelín rara, decide rememorar su vida amorosa con todas las chicas que ha tratado y conocido, y las va buscando para saber que ha sido de su vida, no llega al patetismo de Hornby, que quiere saber con pelos y señales el por qué se rompio la relación, pero casí. Y para eso Houellebecq va recorriendo Francia y encontrando a sus exnovias, y en algunos cosas contacta con ellas y en otros no, dedicandose solo a observarlas como si fuesen pájaros de una rareza incalculable.
Resultado de imagen de houellebecqTodo esto aderezado por su experiencia con la toma de antidepresivos, concretamente uno nuevo que parece que tiene mucha fama, pero que le suprime los deseos sexuales. Y con el peso de su profesión, alguna cosa relacionada con la agronomia, en una Francia con revueltas de agricultores que presagia casi una nueva revolución francesa. 
La obra me ha gustado pero se aleja al Houellebecq al que estoy acostumbrada ya que lo encuentro poco provocativo.
Aun así me ha gustado.
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Traducción al castellano de Jaime Zulaika
Florent-Claude Labrouste tiene cuarenta y seis años, detesta su nombre y se medica con Captorix, un antidepresivo que libera serotonina y que tiene tres efectos adversos: náuseas, desaparición de la libido e impotencia.
Su periplo arranca en Almería –con un encuentro en una gasolinera con dos chicas que hubiera acabado de otra manera si protagonizasen una película romántica, o una pornográfica–, sigue por las calles de París y después por Normandía, donde los agricultores están en pie de guerra. Francia se hunde, la Unión Europea se hunde, la vida sin rumbo de Florent-Claude se hunde. El amor es una entelequia. El sexo es una catástrofe. La cultura –ni siquiera Proust o Thomas Mann– no es una tabla de salvación.
Florent-Claude descubre unos escabrosos vídeos pornográficos en los que aparece su novia japonesa, deja el trabajo y se va a vivir a un hotel. Deambula por la ciudad, visita bares, restaurantes y supermercados. Filosofa y despotrica. También repasa sus relaciones amorosas, marcadas siempre por el desastre, en ocasiones cómico y en otras patético (con una danesa que trabajaba en Londres en un bufete de abogados, con una aspirante a actriz que no llegó a triunfar y acabó leyendo textos de Blanchot por la radio...).
Se reencuentra con un viejo amigo aristócrata, cuya vida parecía perfecta pero ya no lo es porque su mujer le ha abandonado por un pianista inglés y se ha llevado a sus dos hijas. Y ese amigo le enseña a manejar un fusil...
Nihilista lúcido, Michel Houellebecq construye un personaje y narrador desarraigado, obsesivo y autodestructivo, que escruta su propia vida y el mundo que le rodea con un humor áspero y una virulencia desgarradora. Serotonina demuestra que sigue siendo un cronista despiadado de la decadencia de la sociedad occidental del siglo XXI, un escritor indómito, incómodo y totalmente imprescindible.
«Lo que me impide leer los libros de Houellebecq y ver las películas de Von Trier es una suerte de envidia. No es que les envidie su éxito, pero leer esos libros y ver esas películas sería un recordatorio de lo excelsa que puede ser una obra y lo muy inferior que es mi trabajo» (Karl Ove Knausgård).