domingo, 14 de febrero de 2016

Leído: La melodia del tiempo de José Luis Perales

José Luis Perales, La melodía del tiempo. Barcelona: Plaza& Janés, 2015. 344 p.

Mi padre, nacido en un pequeño pueblo de la serranía de Cuenca, próximo al Rincón de Ademuz y a Valencia, siempre le ha gustado José Luis Perales, que también es conquense, y del que yo sólo conozco una fantástica canción Un velero llamado libertad. 
Pues los Reyes le trajeron a mi padre la novela que hace poco publico, y en cuanto se la leyo, me la trajo para que también lo hiciera, y aprovechando que la letra era grande, me submergí en su lectura.
La novela explica la vida a lo largo de los años en un pueblo perdido que podría ser de la província de Cuenca. El inicio tiene muy buena pinta, pero luego lentamente se va desinflando, para quedar en poca cosa. Creía estar leyendo una versión conquense de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, pero luego la ambición o el sueño de José Luis Perales no se cumple, ya que se va convirtiendo en un montón de historias inconexas que van sucediento en el pueblo, pero que no consiguen tramitir esa sensación global de conexión, y es una látima por qué hay ciertos personajes que se merecen más, ya que són entrañables. Lo que si se nota es que Jose Luis Perales un gran lector, y un buen escritor de novelas cortas pero no de novelas largas.
---
La primera novela de José Luis Perales narra la historia de un pueblo castellano a lo largo de tres generaciones. Un homenaje a la vida del campo a través de una novela coral sobre el amor, las raíces y las relaciones entre padres e hijos.El Castro es un pueblo tradicional de Castilla que, durante mucho tiempo, se ha resist ido a caer en el olvido. Los habitantes han soñado, vivido y amado por sus calles de tierra, a la sombre de los olmos centenarios, frente a la vieja iglesia de San Nicolás o en el mirador alto que da al río. Pero, aunque los años pasan y los más antiguos del lugar ven cómo sus descendientes abandonan las casas que les vieron nacer, siempre hay alguien que regresa para hacer frente a la nostalgia y recordar cada una de sus historias. Como el primer amor de Evaristo Salinas, el relojero sordomudo; o el largo viaje de Victorino Cabañas en globo aerostático; o la pasión de Claudio Pedraza truncada por el estallido de la guerra; o la belleza legendaria de la gitana Cíngara y su local excavado en una cueva...Historias que son también el relato del siglo XX en España con El Castro como testigo y protagonista principal de un libro que llegará al corazón de los lectores Llegaron al mirador. Tomaron asiento en un banco de piedra bajo el olmo centenario que desde el principio del mundo estaba plantado allí. -Al menos -dijo Juan Luna- eso es lo que los viejos nos contaban a los chicos cuando éramos niños. -En verdad -contestó José Pedraza-, nunca se entendería el mirador sin este olmo. Testigo de mil historias contadas o vividas bajo su sombra en verano, o como paraguas protector de la lluvia en los días oscuros y fríos del invierno. Cuántas escenas de amor habrá contemplado. Cuántos besos. Cuántos abrazos de adolescentes antes de que se encendieran las luces de las calles al anochecer, hora de llevar a las chicas a casa. -Y cuántas despedidas -apostilló Juan Luna-. Aunque el más hermoso del pueblo era el olmo de la plaza. Allí se situaban discretamente las madres, el día de la iesta, para observar con quién y cómo bailaban sus hijas. -O el olmo de la plaza de la iglesia -dijo José Pedraza-. Donde, a su sombra, las mujeres tejían la lana, cosían o remendaban los pantalones, y daban la vuelta a los cuellos de las camisas de sus hijos para devolverles el aspecto de nuevas, o hacían encaje de bolillos a tal velocidad que no se les veían las manos, y zurcían sus medias con un huevo de madera, ¿recuerdas?Una obra llena de sensibilidad, escrita con talento, emoción y ternura.

2 comentarios:

  1. Por lo que cuentas parece mejor quedarse con el jose Luis cantante

    ResponderEliminar
  2. Por lo que cuentas parece mejor quedarse con el jose Luis cantante

    ResponderEliminar