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viernes, 8 de noviembre de 2024

Leído: El último lector de David Toscana

El Último lector -  David Toscana. Barcelona : Mondadori, 2005. 190 p.

Una novela que va más allá de una trama intrigante para sumergir al lector en una reflexión profunda sobre la condición humana, la importancia de la lectura y la decadencia de un pueblo.

Toscana pinta un cuadro desolador de un pueblo que ha olvidado el valor de los libros y la lectura. La biblioteca, un espacio antes vibrante, se ha convertido en un mausoleo de palabras sin lectores. Esta metáfora se extiende a la sociedad en general, donde la comunicación superficial y la inmediatez amenazan con sofocar la reflexión y la profundidad.

El protagonista, Lucio, el bibliotecario, encarna la soledad de aquel que busca en los libros un refugio ante un mundo indiferente. Su aislamiento se intensifica con la muerte de su hijo y el descubrimiento del cuerpo de una niña, lo que lo lleva a cuestionar su propia existencia y su papel en la comunidad.

A través de la lectura, Lucio intenta encontrar respuestas a las preguntas existenciales que lo atormentan. Los libros se convierten en su guía, en su forma de conectar con el mundo y de darle sentido a la vida. Sin embargo, se da cuenta de que incluso los libros pueden ser insuficientes para llenar el vacío interior.

Toscana juega con los límites entre la realidad y la ficción, creando una atmósfera onírica y ambigua. La historia del pueblo de Icamole se entrelaza con los relatos de los libros, lo que dificulta distinguir entre lo que es real y lo que es producto de la imaginación de Lucio.

La prosa de Toscana es rica en imágenes y metáforas, creando una atmósfera poética y onírica que envuelve al lector. Sus descripciones del paisaje desértico y de la biblioteca abandonada son especialmente evocadoras.

La narración tiene un ritmo lento y pausado, que invita a la reflexión y a la contemplación. Las frases son largas y elaboradas, creando una sensación de musicalidad.

La novela es una reflexión sobre la escritura misma. Toscana juega con las convenciones narrativas y utiliza la literatura como herramienta para explorar la condición humana.

En conclusión, "El Último Lector" es una novela que invita a la reflexión sobre la importancia de la lectura y la cultura en nuestra sociedad. A través de una prosa poética y evocadora, Toscana crea una atmósfera única que sumerge al lector en un mundo de soledad, pérdida y búsqueda de significado.

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A pesar de que alguna vez fue un yacimiento marino, Icamole es ahora un pequeño pueblo perdido en la geografía mexicana donde hace mucho que no llueve. El paisaje es seco y polvoso, la tierra está resquebrajada y todos los pozos están agotados; salvo el de Remigio, quien al ir en busca del líquido vital para él y su árbol de aguacates, se encuentra con una niña muerta en el fondo del yacimiento. Ante la sorpresa, Remigio avisa a su padre Lucio, el agrio bibliotecario de un pueblo donde nadie lee. Contaminado por sus lecturas, gracias a las cuales mezcla realidad y ficción de modo que la segunda le ayuda a vivir en la primera, Lucio le recomienda a Remigio que entierre a la niña, que es bautizada bajo su árbol como Babette, heroína de uno de los libros preferidos del bibliotecario.

sábado, 27 de agosto de 2016

Leído: Almas grises - Philippe Claudel

Philippe Claudel, Almas grises. Barcelona: Salamandra, 2005. 222 p.

Tenía pendiente desde hace tiempo la lectura de esta obra de Philippe Claudel, y este agosto ha caído. La novela explica  la investigación de la muerte de un niño en la Francia rural del invierno de 1917, envuelta en la I GM, y en un ambiente gris y triste. Y esta tristeza y mediocridad también marca el carácter de todos los personajes, de todos, desde el narrador, un pobre polícia viudo que no sabe como afrontar lo que paso hasta el juez, el fiscal, todos, quizás la única nota alegre es la victima, la pobre Belle, que precisamente por eso es encontrada muerta.
Me ha gustado como el autor trasmite la mediocridad, la tristeza de una sociedad gris, y cómo no justifica a ningún personaje, todos, tienen sus momentos grises, no estamos en un mundo blanco y negro, sino gris, donde todos podemos hacer cosas maravillosas y las más terribles y que en el fondo en nuestra vida diaria somos grises.

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Ganadora del prestigioso premio Renaudot y elegida Libro del Año por los libreros franceses y la revista Lire, esta novela posee una belleza sombría y seductora que emana tanto del clima misterioso que envuelve la historia como del profundo y descarnado retrato de los personajes que la componen.

Diciembre de 1917. En un pequeño pueblo del norte de Francia, el cuerpo sin vida de una hermosa niña aparece flotando en el canal. A la escena del crimen acuden, acompañados por el incesante tronar de los cañones y el acre olor a pólvora de un frente que se desgarra a escasos kilómetros, un policía, un juez instructor y un militar. En este mundo provinciano, el asesinato de Belle suscita innumerables sospechas, despierta viejos rencores y sacude un orden social que se tambalea. Todos los indicios apuntan al fiscal Destinat, un rico aristócrata ya jubilado, pero el juez designará como culpables a dos desertores apresados en las cercanías del lugar del crimen. Sin embargo, la crónica de los hechos, escrita por el policía veinte años después del suceso, invita al lector a descubrir una realidad inesperada. En su implacable relato, donde la emoción aparece retenida por el pudor del narrador, nadie es inocente, y los culpables, de una forma u otra, son también víctimas. El gris es el tono dominante, pero no el gris de la muerte, ni el del duro clima invernal, ni siquiera el de la cobardía, sino el gris en que se desenvuelve la condición humana: la ausencia de certezas absolutas, las sombras, los claroscuros, en suma, el peso rotundo de la duda.