Mostrando entradas con la etiqueta Milan Kundera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Milan Kundera. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de diciembre de 2019

Leído: La identitat de Milan Kundera

La identitat - Milan Kundera. Barcelona: Destino, 2002. 150 p.
Años y años que no leía a Milan Kundera, y el otro día quería leer algo breve, ya que tenía que viajar y llevar el libro en el bolso, y desde hacía tiempo tenía pendiente "La identitat".
Vuelvo a las historias intimas de Kundera, a las relaciones de pareja, a menudo desequilibradas, por edades, por condición económica, por momentos vitales, y aquí Chantal y Jean-Marc tienen mucho que decir.
Un tema que me ha parecido importante es el de la muerte de un hijo pequeño, y del que la protagonista habla con añoranza, con cariño y al final con desapego, ¿quizás una experiencia personal de Kundera?
Su lectura me ha producido ganas de volver a leer La insoportable levedad del ser, que recuerdo con especial cariño. Tan poco tiempo para leer, qué lástima.
---
Chantal y Jean-Marc viven juntos en París y se quieren, se quieren tanto que incluso parecen confundirse. Y es que, a veces, se dan situaciones en las que, por un instante, ninguno de los dos parece reconocerse, en el que la identidad del otro se disuelve y, de rechazo, duda de la suya propia. Todo el que ama, todo el que convive en pareja, lo ha vivido alguna vez, porque lo que más teme en el mundo quien ama es «perder de vista» al ser amado. Pues eso es lo que, poco a poco, va a empezar a ocurrirles a Chantal y a Jean-Marc. Pero ¿en qué instante, ante qué gesto y en qué circunstancia precisa comienza ese aterrador proceso? Kundera atrapa al lector en el pánico que acompaña ese instante de extravío y éste ya no tendrá más remedio que adentrarse en el laberinto que recorren Chantal y Jean-Marc y en el que más de una vez deberá cruzar la frontera de lo real y lo irreal —o entre lo que ocurre en el mundo exterior y lo que elabora una mente en solitario.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Leído: La fiesta de la insignificancia de Milan Kundera

Llevo toda la vida leyendo a Milan Kundera, creo que me he leído todo, todo y todo, y obviamente cuando salió su última obra en septiembre, desee ferviertemente tenerlo, y gracia a mi amigo A. de BCN Telegraph que tuvo la inspiración de regalarmelo para mi cumple, con la complicidad de mi santo, ese deseo se ha hecho realidad.

Esta breve obra, apenas si 150 páginas y con una letra extragrande para cegatos (de hecho por un momento pense si era una equivocación y tenía ante mi una obra de "lectura fácil" dirigida a gente con dificultad lectora), la leí en una tarde, y la verdad me ha sabido a poco, aunque todas las críticas y reseñas que he leído la catalogan como el resumen y el epílogo de Milan Kundera, para mi entender, es muy poca cosa, para un escritor capaz de escribir obras tan importantes como La insoportable levedad del ser o La broma, o La inmortalidad. La ausencia de personajes femeninos también me pesa, todos son  personajes masculinos y de edad, supongo que a sus 85 años ya sólo puede pensar en si mismo y en personas de su mismo sexo, en los que se reflejado. Me quejo de la brevedad de una obra de un autor que me encanta. Vi ecos de sus anteriores obras que no justifican las ganas que tenía de leerla. Para paliar semejante desastre, estoy pensando en repescar sus obras anteriores.

Proyectar una luz sobre los problemas más serios y a la vez no pronunciar una sola frase seria, estar fascinado por la realidad del mundo contemporáneo y a la vez evitar todo realismo, así es La fiesta de la insignificancia. Quien conozca los libros anteriores de Kundera sabe que no son en absoluto inesperadas en él las ganas de incorporar en una novela algo «no serio». En La inmortalidad, Goethe y Hemingway pasean juntos durante muchos capítulos, charlan y se lo pasan bien. Y en La lentitud, Vera, la esposa del autor, dice a su marido: «Tú me has dicho muchas veces que un día escribirías una novela en la que no habría ninguna palabra seria… Te lo advierto: ve con cuidado: tus enemigos acechan». Pero, en lugar de ir con cuidado, Kundera realiza por fin plenamente en esta novela su viejo sueño estético, que así puede verse como un sorprendente resumen de toda su obra. Menudo resumen. Menudo epílogo. Menuda risa inspirada en nuestra época, que es cómica porque ha perdido todo su sentido del humor. ¿Qué puede aún decirse? Nada. ¡Lean!