martes, 19 de marzo de 2024

Leído: La carretera de Cormac McCarthy

La Carretera - Cormac McCarthy ; traducción de Luis Murillo Fort. Barcelona : Mondadori, 2007. 210 p.

Hace unos cuantos años leí esta novela y me impacto mucho, y ahora para un club de lectura de literatura y cinea la he vuelto a releer y me ha vuelto a impactar como en la primera ocasión, especialmente ese demoledor final.

Una novela que nos sumerge en un mundo postapocalíptico desolado. A través de la relación entre un padre y su hijo, la historia se desarrolla en un paisaje norteamericano literalmente quemado tras un reciente holocausto nuclear, o al menos nos hace creer esta opción.

En un mundo donde llueve ceniza y la barbarie ha echado raíces, un hombre y su hijo cruzan a pie el territorio norteamericano en dirección al sur. El hambre es más que una preocupación diaria; es la medida de todas las cosas. Las bandas de caníbales asolan el país, y la civilización parece haberse extinguido. Sin embargo, el amor del padre por su hijo es la única luz en esta tierra devastada. Juntos, enfrentan la desesperanza, la incertidumbre y la lucha por sobrevivir mientras siguen “la carretera” hacia el mar. El final, abrupto y abierto, sugiere una metáfora con las travesías peligrosas de ciertas especies migratorias.

Una obra intensa y conmovedora. La relación entre el padre y el hijo se entrelaza con la desolación del mundo que los rodea. Los pensamientos del padre, su lucha espiritual y física por proteger a su hijo, crean una narrativa poderosa. La estructura de párrafos cortos agiliza la lectura y refuerza la sensación de urgencia. Aunque el final puede desconcertar, deja espacio para la reflexión sobre la supervivencia, la esperanza y la humanidad en tiempos oscuros.
IA
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La carretera transcurre en la inmensidad del territorio norteamericano, un paisaje literalmente quemado por lo que parece haber sido un reciente holocausto nuclear. Un padre trata de salvar a su hijo emprendiendo un viaje con él. Rodeados de un paisaje baldío, amenazados por bandas de caníbales, empujando un carrito de la compra donde guardan sus escasas pertenencias, recorren los lugares donde el padre pasó una infancia recordada a veces en forma de breves bocetos del paraíso perdido, y avanzan hacia el sur, hacia el mar, huyendo de un frío «capaz de romper las rocas».

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