Leído para el club de lectura de Amigos de Mia.
Dios regresa de unas vacaciones de pesca y descubre que, durante su ausencia, la Tierra se ha convertido en un desastre: guerras, fanatismo, pobreza, corrupción y una obsesión enfermiza por la fama. Cansado de ver cómo su creación se ha ido al garete, decide que hay una única solución: enviar de vuelta a su hijo, Jesucristo, ahora un joven de 33 años que prefiere tocar la guitarra con Jimi Hendrix y fumar en el Cielo.
Jesús, a quien todos llaman JC, aterriza en el Nueva York del siglo XXI sin ganas de martyrio ni de prédicas. Se instala en un piso compartido, forma una banda, reúne a un grupo de discípulos “inadaptados” (drogadictos, parados, marginados) y, cuando ve que su mensaje no cuaja, opta por lo más absurdo: presentarse a un concurso de talentos televisivo.
Lo que sigue es una road trip cómica y ácida por Estados Unidos, donde JC intenta hacer el bien con pequeñas acciones mientras tropieza con reality shows, prensa sensacionalista, iglesias hipócritas y una sociedad que parece haber olvidado qué significa amar al prójimo. La novela funciona como una sátira mordaz: el único “pecado” real que denuncia no es la blasfemia, sino la estupidez y el cinismo de nuestro tiempo.
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Tras 4.600 millones de años sudando la camiseta para corregir las muchas taras de su propia obra, Dios decide tomarse un breve y merecido descanso. Con la llegada del Renacimiento todo indica que su experimento mundano ha tomado por fin un camino menos insensato: desde las alturas celestiales observa a Copérnico, Miguel Angel o Leonardo y se dice satisfecho que tal vez el divino
empeño ha merecido la pena.
Así las cosas, nuestro Padre Eterno se va a pescar dejando a su hijo como administrador subsidiario del universo. Cinco siglos después (contados en tiempo terrenal) regresa al puesto de mando para descubrir consternado que la creación está otra vez hecha un guiñapo. ¿Qué hacer ahora? Un congreso extraordinario de santos y arcángeles delibera sobre tan delicado asunto y concluye que
solo hay una salida: el niño debe volver a la Tierra. «¿Estáis seguros de que es una buena idea? -pregunta el Unigénito-. ¿Acaso no recordáis lo ocurrido la última vez que anduve por ahí abajo?» Pero de nada valen sus advertencias, y Jesús (que siempre llama dos veces) se presenta de nuevo en este valle de lágrimas dispuesto a enjugarlas con el pañuelo de su calamitosa bondad. Y de nuevo se arma la de Dios es Cristo sin excluir parábolas, discípulos, calvarios o resurrecciones, aunque los inescrutables designios de la Providencia se realizan en este caso mediante programas televisivos, estupefacientes, artillería pesada y otros recursos del siglo XXI.
Este es el marco (sin duda incomparable) de una sátira mordaz, amarga e implacablemente divertida donde el único sacrilegio, el auténtico pecado, es la feroz estupidez de nuestro tiempo.
empeño ha merecido la pena.
Así las cosas, nuestro Padre Eterno se va a pescar dejando a su hijo como administrador subsidiario del universo. Cinco siglos después (contados en tiempo terrenal) regresa al puesto de mando para descubrir consternado que la creación está otra vez hecha un guiñapo. ¿Qué hacer ahora? Un congreso extraordinario de santos y arcángeles delibera sobre tan delicado asunto y concluye que
solo hay una salida: el niño debe volver a la Tierra. «¿Estáis seguros de que es una buena idea? -pregunta el Unigénito-. ¿Acaso no recordáis lo ocurrido la última vez que anduve por ahí abajo?» Pero de nada valen sus advertencias, y Jesús (que siempre llama dos veces) se presenta de nuevo en este valle de lágrimas dispuesto a enjugarlas con el pañuelo de su calamitosa bondad. Y de nuevo se arma la de Dios es Cristo sin excluir parábolas, discípulos, calvarios o resurrecciones, aunque los inescrutables designios de la Providencia se realizan en este caso mediante programas televisivos, estupefacientes, artillería pesada y otros recursos del siglo XXI.
Este es el marco (sin duda incomparable) de una sátira mordaz, amarga e implacablemente divertida donde el único sacrilegio, el auténtico pecado, es la feroz estupidez de nuestro tiempo.

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