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jueves, 11 de junio de 2026

Crónica de la visita del Papa a la Basilica de la Sagrada Familia por una vecina


Durante el día de ayer estuve haciendo una crónica para explicar a mis amigos como iba yendo la visita del Papa, y dado el éxito que tuvo hoy me atrevo a publicarlo aquí.

Crónica 1.

Esta mañana me he despertado con una sensación extraña. Oía cantar a los pájaros con una claridad poco habitual y, durante unos segundos, me he asustado. ¿Qué estaba pasando? Enseguida me he dado cuenta de que faltaba el ruido constante del tráfico que acompaña cada día la vida alrededor de la Sagrada Familia.

La razón es evidente: las calles Mallorca y Valencia están completamente cortadas a la circulación. El silencio que esto provoca transforma el barrio y permite escuchar sonidos que normalmente quedan ocultos bajo el bullicio de los coches.

Mi pasaje ha quedado cerrado por ambos extremos. Por el lado de la calle Mallorca han instalado vallas cubiertas con una lona negra que impide ver el interior. En la calle Valencia, en cambio, el acceso está protegido con barreras New Jersey de cemento, que dan al lugar un aspecto casi inexpugnable.

A pesar de las medidas de seguridad, algunos elementos cotidianos siguen presentes. En la calle Valencia todavía hay tres contenedores para depositar la basura. Las papeleras, sin embargo, han sido inutilizadas: no las han retirado, simplemente las han volcado para que no puedan utilizarse.

Los turistas siguen llegando, ajenos a estos detalles. Muchos dejan la basura sobre las papeleras inutilizadas y, poco a poco, se van formando pequeños montones de residuos que contrastan con el extraordinario despliegue de seguridad que rodea la visita papal.

Crónica 2.

Al volver del trabajo he podido comprobar cómo el dispositivo de seguridad sigue intensificándose a medida que se acerca la visita papal.

En la esquina de las calles Sicilia y Valencia había un par de Mossos d'Esquadra controlando el acceso a la zona restringida. Cuando me han preguntado adónde iba, he pronunciado la frase mágica: «Vivo allí». Ha sido suficiente para que me dejaran pasar sin problemas.

Unos metros más adelante, en la entrada de mi pasaje por la calle Valencia, me esperaba un segundo control. Esta vez era una agente cívico que me ha saludado amablemente y me ha preguntado cuál era mi destino. De nuevo, la respuesta ha sido la misma: «Vivo allí». Y de nuevo, las puertas se han abierto.

Aprovechando que ya estaba dentro del perímetro, me he acercado hasta la salida del pasaje por la calle Mallorca para comprobar cómo estaba la situación. Allí me he encontrado con un par de agentes de la Guardia Urbana custodiando el acceso. Les he preguntado si más tarde se podría salir por ese lado y me han explicado que acababan de cerrarlo en ese mismo momento. También me han comentado que en breve ordenarían el cierre de todos los comercios de la zona.

Además, cada vez es más frecuente encontrarse con personas acreditadas para la visita. Muchas llevan colgado el identificador con el lema «Alça la mirada», el emblema elegido para este acontecimiento, lo que hace aún más evidente que el barrio se está preparando para una jornada excepcional.

Así que, por ahora, la única salida del pasaje sigue siendo por la calle Valencia.

Mientras tanto, el barrio continúa ofreciendo una imagen insólita. El tráfico sigue ausente, apenas se oyen voces lejanas y el silencio domina el ambiente. Dentro del pasaje la sensación es aún más intensa: se ha convertido en un auténtico remanso de paz, algo difícil de imaginar en uno de los entornos más concurridos y turísticos de Barcelona.

Crónica 3.

Por la tarde salimos a dar una vuelta por el barrio. Nada más salir de casa nos encontramos con N., la vecina de al lado, que a sus 89 años sigue conservando una curiosidad envidiable. Como nosotros, también estaba curioseando para ver cómo evolucionaba la jornada.

Paseando por los alrededores nos dimos cuenta de que la calle Valencia, entre Nápoles y Lepanto, se había convertido en un improvisado aparcamiento de vehículos oficiales. Coches negros, furgonetas y vehículos de servicio ocupaban un espacio que habitualmente pertenece al intenso tráfico del Eixample.

En la calle Sicilia la presencia policial era especialmente visible. Había mucha seguridad y decidimos quedarnos un rato observando el movimiento. Al poco tiempo vimos pasar la comitiva real. A los Reyes, sin embargo, no pudimos verlos: los vehículos llevaban los cristales tintados y pasaron rápidamente entre las medidas de seguridad y la expectación de los curiosos.

De regreso a casa propusimos a N. subir a la azotea para comprobar si se veía bien la torre central de la Sagrada Familia. La idea era volver más tarde, por la noche, para seguir el espectáculo final. Al llegar nos llevamos una sorpresa inesperada: seis vecinos estaban celebrando una pequeña fiesta con pastel y ratafia. La situación resultó un poco incómoda, como si hubiéramos interrumpido una reunión privada sin querer.

Una vez comprobada la buena visibilidad desde la azotea, regresamos a casa. Desde allí seguimos por televisión toda la ceremonia, alternando las imágenes del interior de la basílica con las conexiones exteriores y los comentarios de los periodistas.

Cuando terminó la misa, llamamos a N. y volvimos a subir juntos a la azotea. Esta vez llevábamos un teléfono móvil desde el que seguíamos la retransmisión en directo a través de la web de televisión. Poco a poco fueron llegando también el resto de vecinos.

Y entonces comenzó el espectáculo.

Desde la privilegiada atalaya de la azotea contemplamos la iluminación de la torre de la Sagrada Familia. Todo resultó impresionante. Por unas horas, nuestra azotea se convirtió en un palco improvisado desde el que compartir un momento que, sin duda, quedará en la memoria del barrio, El Poblet.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Vivido: un grillo en la Sagrada Familia

Hay un un grillo en el Parque Gaudí (para los despistados, el que está delante de la fachada del nacimiento de la basílica de la Sagrada Familia), y cada mañana, cuando cojo el metro, lo oigo, obviamente es muy temprano y ayuda mucho que la calle Mallorca esté prácticamente cerrada al tráfico, y eso permite oírlo, y me gusta
Me gusta mucho el sonido que produce la cigarra de la Provenza y este grillo me hace acordarme de unas vacaciones pasadas allí, donde disfrute mucho.
De hecho. desconozco la diferencia entre grillo y cigarra, y a lo mejor lo que oigo es una cigarra....

jueves, 27 de diciembre de 2012

VIvido: las campanas

Las campanas de la Sagrada Familia de Barcelona suenan de 9 de la mañana a 9 de la noche, y es un pequeño placer despertarte escuchandolas, primero los cuartos, luego las campanadas, y ahora en fiestas navideñas con villacincos, cada hora un villacinco diferente, hoy a las 9 era "El noi de la mare".


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Vivido: olor de la estación de metro de Sagrada Familia linea azul

La estación de metro de Sagrada Familia de la linea azul huele estos días maravillosamente al caramelo de las almendras garrapiñadas, y ¿por qué? por qué la parada de almendras garrapiñadas de la feria de navidad que se instala delante de la Sagrada Familia está encima del respiradero de la estación y en cuanto la parada empieza a trabajar se extiende todo el olor por la estación. Un olor maravilloso que hace pensar que entras en otra realidad, que entras en la fábrica de "Charlie y la fábrica de cholcolate".

Lo único que me da miedo es que igual que ahora huele tan bien, algún día huela tan mal como la entrada por la izquieda de la estación de Zona Universitària, un olor nauseabundo y desagradable, que hace pensar que has entrado en unas letrinas asquerosas, por que está claro que el respiradero de la estación es el que está delante de la parada de las almendras garrapiñadas.

sábado, 15 de enero de 2011

Vivido: Visita al interior de la Sagrada Familia


Como barcelonina, sólo había visitado el interior de la Sagrada Familia en una ocasión, y aprovechando las jornadas de puertas abiertas, he querido ir y he conseguido que mi padre y el speedy vengan conmigo, y después de sólo 1:17 minutos de espera hemos conseguido entrar.


Sólo entrar el speedy ha dicho "parece un bosque", y en efecto, según la explicación que había en una columna, este era el efecto que quería conseguir Gaudí, y es que ver las cosas con ojos de niño es tener ojos de genio.


El interior de la Sagrada Familia se tiene que visitar por que es impresionante, tan diafana, luminosa, grande, se tiene que ver.