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viernes, 24 de octubre de 2025

Leído: Shhh de Magnhild Winsnes

Shhh - Magnhild Winsnes ; traducción de Ana Flecha Marco. Madrid : Liana Editorial, [2020]. 150 p.

Es verano. Hanna, que cada año pasa una semana de vacaciones en la casa de sus tíos junto al mar, llega ilusionada: su prima Siv está allí, como siempre, para correr por el bosque, bucear en el mar, capturar insectos juntas… como en los veranos anteriores.

Pero al instante Hanna percibe que algo se ha descompuesto: ese mundo que conocía ya no existe tal como lo recordaba. Siv, que antes compartía sus juegos sin reservas, ahora prefiere seguir a su hermana mayor, Mette, y a sus amigos; los retos inocentes del bosque o del mar han perdido parte de su brillo.

Hanna experimenta la extrañeza de ver cómo el escenario de su infancia (los paseos, las carreras, el agua salada, los insectos) se transforma en algo en transición: la risa compartida ya no es tan espontánea, los juegos ya no son “solo jugar”, y la cercanía de su prima ya no garantiza la complicidad de antes. Está sola, en buena medida, al borde del cambio, observando que su reflejo en el espejo del verano no encaja del todo: qué es ser niña todavía, qué es empezar a ser adolescente, qué se espera de ella.

La autora emplea la forma gráfica con gran sutileza: las viñetas no solo cuentan, sino que “muestran” el silencio que crece entre las niñas, la mirada que ya no se encuentra, la tensión de un cuerpo que cambia, el deseo de pertenecer. Tal como señalan las reseñas: «una novela gráfica sutil, hecha de colores, formas y palabras en perfecto equilibrio».

A lo largo de la semana, Hanna busca su lugar. Se enfrenta a nuevos códigos: las conversaciones susurradas, los secretos que se deslizan, las miradas que cambian, los juegos que ya no se nombran. Por un instante quiere seguir siendo la misma de siempre, la de capturar insectos, de correr libre por el bosque, pero también ve que eso ya no le basta. Y lo que viene después, lo que la prima ya anticipa y ella intuye, le produce vértigo y fascinación a partes iguales.

La atmósfera es ligera pero profunda: Winsnes retrata la transición de la niñez a la adolescencia “con humor y seriedad”. No se trata de un estallido dramático, sino de un lento desplazamiento, de un “todo cambia” que se insinúa en pequeñas cosas: un gesto, una palabra que ya no se dice, un traje de baño diferente, una mirada que dura más tiempo, un secreto que pesa. Para Hanna, los días de sol junto al mar se vuelven también días de reflexión: ¿quién soy yo ahora?, ¿quién van a ser ellos?, ¿qué me queda de lo que era?

La ilustración acompaña ese tránsito: la luz del bosque que entra entre las hojas, la inmensidad del mar, el silencio entre las hermanas… todo comunica más de lo que se dice. Como señala una reseña, “las escenas en las que la luz se filtra por las hojas de los árboles… son magníficas”. 

Y al final de esa semana, Hanna ya no es la misma que al llegar. Los insectos quedan aprehendidos, los juegos ya no se repiten como antes, la vocecita de la infancia se ha transformado. Pero a cambio ha ganado una nueva mirada, incómoda quizá, pero más consciente: observe lo que antes daba por seguro, sepa que hay otro paisaje dentro del verano, dentro de los días largos, dentro de ella.

En definitiva, Shhh es un retrato íntimo del umbral: ese momento delicado, a veces silencioso, a veces ruidoso en la mente, entre ser niña y convertirse en otra cosa. Una novela gráfica que funciona como un espejo para quien lo lea, haga memoria o viva ese cambio. Y lo hace con belleza, con sensibilidad, sin estridencias, dejando hilos abiertos, preguntas al lector, y emociones que probablemente seguirán resonando después de cerrar el libro.

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Como todos los años, Hanna va a pasar una semana de vacaciones a casa de sus tíos, con su prima Siv. Sueña con hacer carreras en el bosque, con competiciones de apnea en el mar y con capturar insectos juntas, como siempre han hecho. Sin embargo, nada más llegar Hanna se da cuenta de que algo ha cambiado. A Siv ya no le interesan los juegos de antes y prefiere correr detrás de su hermana mayor, Mette, y de sus amigos.
Premis Primer Premio del Ministerio de Cultura 2017
Premio de la Crítica al Mejor Libro Infantil y Juvenil 2017
Primer premi "Trollkrittet" 2017 al millor llibre debutant infantil i juvenil
"Best of show" 2018 - Premi Visual GRAFILL i "OR - Millor llibre infantil" 2018

viernes, 11 de julio de 2025

Leído: Aún nos queda el teléfono

Aún nos queda el teléfono - Erica Van Horn ; traducción del inglés por Ana Flecha Marco. Barcelona : Ediciones Alpha Decay, enero de 2024. 109 p.

Hay libros que no necesitan grandes giros argumentales ni personajes épicos para dejar huella. Aún nos queda el teléfono, de la escritora y artista Erica Van Horn, es uno de ellos. En apenas 109 páginas, nos ofrece un diario fragmentario que recoge escenas mínimas de su vida en el campo irlandés: conversaciones casuales con vecinos, malentendidos entrañables, el clima, los animales, las rutinas más anodinas... y, sin embargo, en cada entrada late algo más profundo.

La voz de Van Horn es irónica, observadora y sutilmente poética. Su mirada no embellece la realidad, pero sí la revela en todo su extrañamiento cotidiano. Leerla es como asomarse a un mundo donde el tiempo va más lento, donde las palabras pesan más y donde los gestos más simples se vuelven materia literaria.

La edición en castellano, a cargo de Ana Flecha Marco, respeta con precisión el tono seco y encantadoramente absurdo de la autora. La traducción fluye con naturalidad y conserva ese humor tan británico (aunque Van Horn sea estadounidense) que se cuela en cada página.

Aún nos queda el teléfono no busca grandes revelaciones, pero ofrece algo mucho más raro: una atención radical a lo pequeño. Es un libro que se lee en una tarde, però resuena durante días. Ideal para quienes disfrutan de lo cotidiano elevado a arte, de los diarios que son también mapas emocionales, y de la escritura que observa más que proclama.

Un pequeño tesoro para lectores atentos.

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Con la ayuda de su hija, una mujer nonagenaria trabaja en la redacción de su obituario. Quiere que contenga la información exacta, y que incluya algunos detalles biográficos que lo hagan destacar entre el resto de los obituarios del periódico local de New Hampshire, el pequeño pueblo donde ha residido gran parte de su vida. Ahora, aislada por culpa de la pandemia, le preocupa no poder terminar su proyecto a tiempo. Aún les queda el teléfono, con el que madre e hija pueden seguir hablando y reconstruyendo su historia y las particularidades de su día a día.