La logoterapia, consciente de la esencial transitoriedad de la existencia humana, no es pesimista sino activista. Podríamos explicarlo de la siguiente forma: el pesimista se parece a un hombre que día a día arranca la correspondiente hoja del almanaque y observa, con miedo y tristeza, cómo se reduce según transcurre el tiempo. La persona activa igualmente arranca las hojas día a día, pero toma la preocupación de archivarla junto a las otras y de anotar unas cuantas notas al dorso. De esa manera recoger y relfeja, con orgullo y goce, el arsenal de valores atesorados en esas notas, unas notas escritas a lo largo de una vida vivida intensamente. ¿Qué le importar comprobar que va envejeciendo? ¿Tiene alguna razón para envidiar a los jóvenes o para sentir nostalgia por la lozanía perdida? ¿Por que ha de envidiar a la gente joven? ¿por el esplendoroso horizonte de sus posibilidades, por el futuro que les espera? "No, gracias-se dirá; en vez de posibilidades por hacer yo cuento con las realidades de mi pasado: mis trabajos, los amores sentidos y regalados, y los sufrimientos asumidos valientemente. De esos sufrimientos es de lo que me siento más orgulloso, aunque quizá no suscite envidia".
Viktor Frankl, El hombre en busca del sentido. p. 142.