Mis cambios de opinión es un cuaderno ensayístico breve en el que Julian Barnes se detiene a observar cómo se desplazan sus certezas a lo largo del tiempo, y qué dicen esos desplazamientos sobre la memoria, el lenguaje y la vida vivida. Con una prosa calma, irónica y muy controlada, convierte algo tan cotidiano como “cambiar de idea” en una indagación sobre la forma en que pensamos y nos pensamos.
El libro se articula en pequeños bloques dedicados a los recuerdos, las palabras, la política, los libros y la experiencia de la edad, que funcionan como estaciones de una misma reflexión: hasta qué punto nuestras convicciones dependen de lo que recordamos, de cómo lo nombramos y de las circunstancias que nos rodean. Barnes mezcla anécdotas personales con apuntes de lectura y observaciones mordaces sobre su país, siempre desde un escepticismo melancólico que evita el sermón y apuesta por la duda razonada.
Lejos de presentar el cambio de opinión como una debilidad, el autor lo reivindica como un gesto de honestidad intelectual, aunque reconoce la inercia de ciertos núcleos firmes: el amor, el arte, la literatura como forma de conocimiento y una visión descreída de la religión. La traducción de Jaime Zulaika mantiene el tono conversacional y levemente humorístico del original, de modo que el lector en castellano percibe la misma mezcla de ligereza y gravedad que caracteriza a este Barnes tardío. El resultado es un librito que se lee de un tirón, pero que invita a interrumpir la lectura para confrontar, también, nuestros propios cambios de opinión.
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Julian Barnes explora en este ensayo la maleabilidad de nuestros recuerdos y opiniones, de las palabras que usamos y las lecturas que atesoramos. Un trabajo exquisito sobre la naturaleza escurridiza y metamórfica del pensamiento.
